Máscaras verdes bajo la lluvia.
Iglesia de vitrales obscenos.
Huella azul en la pared.
No conozco.
No reconozco.
Oscuro. Silencio.
Cenizas
Me sorprende su angustiada figura cuando abro el libro por las primeras páginas, lo angustioso de sus palabras, me encuentro con la figura de Alejandra Pizarnik, aquella dama argentina, bohemia, creativa que buscaba incansable los porqués, que arrastró su alma hasta la prematura muerte, ella y no otra fue Alejandra Pizarnik, una de tantos genios que decidieron abandonarnos y privarnos así de su persona y de su obra.
Pizarnik nació en Buenos Aires el 29 de abril de 1936 y murió allí un 25 de septiembre de 1972, poetisa surrealista, en su vida tuvo el placer de codearse con otros genios, vivio en Paris, en Nueva York para finalmente volver a su tierra en la que años después se vería recluida en un hospital psiquiátrico a causa de sus depresiones e intentos de suicidio, finalmente consiguió quitarse la vida en el año 1972.
Leyendo su obra se deja ver en cada suspiro, la muerte, la soledad, la noche, la búsqueda continua, su obra obviamente bebe de sus vivencias, asi pues, podemos leer en sus diarios frases como: "he descubierto que cuando no estoy angustiada, no soy" o "Aún no rechazo íntegramente el mundo. Aún me aferro a los engaños gestadores de ilusiones fantásticas. Aún sopla en mí la optimista esperanza de hallar el puente transitable entre los límites y el infinito. Aún no tengo conciencia de la total impotencia del hombre".
Día tras día fue creciendo esta sensación de desarraigo, de incompresión, de no adaptación al mundo y Alejandra decidió rechazar el mundo y no esperar más.
B.S.O: Gnossienne nº1 de Erik Satie
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